Como agua entre las manos
Como en los tres más recientes campeonatos, Santa fe quedó por fuera de la disputa de la gran final en la última fecha de los cuadrangulares. Esta vez Deportes Tolima fue su verdugo.
Es muy difícil comentar lo que fue este partido porque está lleno de sentimientos encontrados, de mucha desilusión, pero hoy, mucha resignación.
Para este, el partido más importante del año, Santa fe se encontraba con su plantel completo y en perfección de condiciones, tanto física, como mental, el único que por acumulación de amarillas no pudo estar fue Carlos Valdez, capitán del equipo. A última hora el técnico se decidió por Mario Gonzales en vez de Alejandro Bernal ya que éste último no se encontraba en plenitud de sus condiciones. En consecuencia el equipo formó con Julio en el arco; Noguera, J González, AF González, Otálvaro; Anchico, Torres, M González y Seijas, de enganche Pérez y adelante y único punta, Nazarith.
Con el ingreso al campo el rojazo ya estaba clasificado y no tenía preocupación alguna, pero lo que se vio en el teatro de los sueños criollo fue otra cosa. Un Santa fe que quiso cerrar el partido temprano acudiendo a su fuerte, el manejo del balón y la salida por los costados de sus laterales. El expreso no salió a esperar que proponía el visitante, que, en el primer tiempo, fue más bien poco o nada, sino que por el contrario adelantó todas sus líneas, esto se evidenció en los constantes fueras de lugar en los incurrieron los delanteros pijaos.
Así, el primer tiempo transcurría con un total dominio local, un dominio que no pudo ser concretado con un gol, que al final pesó demasiado. Varios remates de tiro libre de Nazarith y uno de Omar Pérez fueron aproximaciones importantes del equipo, sumada a una en el minuto 22 después de una jugada de triangulación entre Anchico y Seijas que este ultimo perdió increíblemente debajo del arco defendido por el hasta ese momento figura del partido, el buen portero Paraguayo, Anthony Silva.
Como un presagio de que las cosas no iban a la larga a salir como queríamos todos los hinchas santafereños, al minuto 28 llegó la primera mala noticia de la noche, Seijas cabeceo un buen centro de Mario González que llegó por izquierda, pero el fuerte central tolimense Yesid Martínez, llegó tarde y chocó su dura cabeza con la del venezolano. En ese momento hubo preocupación en el estadio ya que los propios jugadores del Tolima llamaron a los médicos. Se temía lo peor. Pero como un león herido, el veneco se levantó, y a pesar del fuerte golpe, siguió jugando. Tan solo ocho minutos después, Seijas se empezó a quejar de un fuerte dolor en una de sus costillas izquierdas, en ese momento nadie en el Campín sabía lo que pasaba. Lo único cierto es que tuvo que salir del partido en medio de un mar de lágrimas, lágrimas de una verdadera gladiador, de un verdadero representante de la raza santafereña.
Ante esa calamidad, el matemático Otero tuvo que mover sus fichas y a diferencia de todo el semestre, creo que las movió mal. Entró Efraín Viáfara.
El segundo tiempo sí que mostró cosas bien distintas, el Tolima salió de su letargo y tediosa forma de ver el partido, producto de ellos, se vieron salvadas impresionantes de Julio que en más de una vez ahogó el grito visitante.
Lo cierto es que el balón se le envolató a Santa fe debido, quizá, al volante de menos que tenía el equipo. Para cerrar el partido entró a la cancha Juan Carlos Quintero, cosa que no pudo ser posible. El tiempo marcaba 89 minutos y los nervios aumentaban en las dos tribunas. Tras un saque de banda Wilder Medina, goleador de la Liga Postobón, remató de zurda y dejó sin movimientos a Julio quien vio cómo entraba el balón a su arco. Gol inatajable, impensado, increíble, pero gol al fin y al cabo que dejaba a Santa fe con la ganas de una final después de cinco años.
Escribir estas líneas ha sido la verdad muy difícil, intentar dar un concepto de algo que causa tanto dolor e impotencia a la vez es complicado, pero hoy después de unas horas y de constantes burlas de hinchas de equipos eliminados hace rato, sé que esto que siento, es lo que identifica al hincha de Santa fe. El sufrimiento, la ilusión y luego la desilusión hicieron, hacen y harán parte del ser cardenal. Eso precisamente es lo más bonito de este sentimiento, dicen que la fe es la certeza de algo que no se ve, que no se ha visto y que probablemente no se verá jamás y por eso lo que siento por el equipo de mis amores es fe, independientemente que me muera sin verlo campeón.
Hoy se acaba un sueño que muy seguramente volverá a gestarse en seis meses, lo que siempre estará ahí es la ilusión de los hinchas que somos los únicos que siempre estaremos apoyando al rojo de Bogotá.
Como esta es la última vez que escribo por este año, les dejo mis contactos a los lectores hinchas que quieran saber un poco más del equipo en esta temporada navideña.
Felices fiestas y que ojalá el nuevo año nos traiga tan la anhelada séptima estrella.
Para twitter en @alejobustamante